¿Facebook nos espía?

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¿Facebook nos controla?

Que Facebook «espía» lo que el usuario hace en la red no es nada nuevo. La compañía empezaba a principios de verano a trackear la navegación que hacían fuera de la red social sus usuarios para descubrir quiénes son en realidad esos consumidores: hasta entonces, la publicidad en Facebook se vendía en base a los gustos declarados de los usuarios, a lo que ellos señalaban que les gustaba. Facebook quería saber entonces qué les gustaba en realidad, es decir, cuáles son aquellos productos o servicios que el usuario consume pero cuya consumición no deja resto social.

De este modo, la firma iba a poder vender una publicidad mucho más dirigida y mucho más efectiva. No sólo podría –por ejemplo– vender zapatos a aquellas personas que confiesan que les gustan los zapatos o que siguen en la red social empresas zapateras, también podrían hacerlo con quienes no lo señalan de forma manifiesta pero que compran zapatos en internet de forma regular.

¿Qué sabe Facebook de nosotros?

La información que acumula la red social sobre sus usuarios, gracias al trackeo que está haciendo de su navegación, y siempre según el medio estadounidense, está relacionada con la localización geográfica, los sitios que visitas, los links en los que clickas y tu nombre de usuario en Facebook. Tras analizar un caso concreto, la conclusión es que Facebook quiere saber qué lee, qué comparte en redes sociales y qué compra cada uno de sus usuarios.

Para su investigación, el medio estadounidense empleó una herramienta gratuita llamada Abine DNT+ y que permite determinar quién está trackeando la navegación del usuario y bloquear ese trackeo. Según los resultados de esa herramienta publicados por Business Insider, Facebook emplea más de 200 trackers para seguir los pasos en internet del usuario.

El escándalo de Facebook y Cambridge Analytica

Si te suenan nombres como Chelsea Manning, Julian Assange o Edward Snowden, pronto te sonará el nombre de Christopher Wylie . Este joven científico de datos de 28 años ha hecho explotar una bomba de relojería al confesar cómo la empresa para la que trabajaba, Cambridge Analytica, construyó una herramienta que con toda probabilidad ayudó a que Trump acabara ganando las elecciones de 2016.

Es lo que afirma Wylie, que ha desgranado los secretos de un escándalo en el que Facebook juega un papel fundamental. Más de 50 millones de perfiles de Facebook fueron recolectados para acabar configurando perfiles psicológicos que luego serían vitales para orquestar campañas políticas: mensajes específicamente diseñados para ciertas audiencias que acabarían influyendo en el voto final.

¿Cómo funciona Cambridge Analytica?

The Cambridge Analytica Files

Una docena de likes en Facebook. Eso es lo que necesita un algoritmo para saber con bastante probabilidad si eres hombre o mujer, si tus padres acabaron divorciándose cuando eras joven o incluso si eres más o menos afín a ciertas ideas políticas.

Las sospechas y estudios que apuntaban a algo así se han visto confirmados de forma terrible y asombrosa por parte de los llamados ‘The Cambridge Analytica Files‘, una serie de documentos filtrados que demuestran cómo esta empresa logró dotar al partido de Trump de una herramienta electoral que pudo ser vital para que ganara las elecciones a finales de 2016.

Esta información ha aparecido en el diario británico The Guardian, donde este conjunto de documentos desvela cómo se gestó y operó una empresa dedicada a influir en la opinión de la gente a través de campañas publicitarias dirigidas de una forma y a una escala nunca antes vista.

Las llamadas “operaciones psicológicas” a las que se dedica Cambridge Analytica tienen como objetivo hacer cambiar de opinión a la gente e influirla no mediante persuasión, sino mediante “dominio informativo

La historia de Cambridge Analytica

En otoño de 2013 Wylie conoció a Steve Bannon, editor por entonces de Breitbart, un diario online sobre política que bajo su dirección se alineó con el populismo de derecha europeo y la llamada derecha alternativa estadounidense (alt-right), el conjunto de ideologías de derecha y extrema derecha. La victoria electoral de Trump en 2016 ha sido percibida como el mayor logro de este colectivo.

Bannon quedó encandilado con las ideas de Nix y Wylie sobre las posibilidades que podía ofrecer la recolección masiva de datos para perfilar campañas electorales, y acabó convenciendo al multimillonario Robert Mercer —pionero en el ámbito de la IA y la traducción automática— de lo importante que esto podía ser para este habitual partidario y donante de la campaña republicana.

Cambridge Analytica gastó 7 millones de dólares en amasar esos datos, de los cuales un millón fueron invertidos en GSR. O para dejarlo claro, en recolectar información de perfiles de Facebook

Con ese dinero Kogan —que además era profesor asociado de la Universidad de San Peterbursgo— pagó campañas de publicidad en Faceboook para que los usuarios se animaran a rellenar un test de personalidad con una aplicación específica diseñada para este propósito en ThisIsMyDigitalLife.

Esa aplicación pedía permiso a esos usuarios para acceder tanto a sus perfiles como a los de sus contactos. Ahí estaba el verdadero secreto de la herramienta, que acabó “atrapando” los perfiles nativos de 320.000 usuarios. El problema es que de media esos usuarios tenían a su vez 160 contactos cuyos perfiles, sin saberlo, estaban disponibles para GSR, Kogan, Wylie y Cambridge Analytica.

En apenas 2 o 3 meses el proceso hizo que la empresa contase con los perfiles de “unos 50 o 60 millones” de perfiles de Facebook, una cantidad de información asombrosa que acabó dando como resultado modelos y algoritmos con los que nutrir campañas electorales específicas.

Facebook acabó enterándose: en diciembre de 2015 The Guardian avisó sobre este tipo de operaciones y cómo habían tratado de influir en la campaña de Ted Cruz para convertirse en el candidato republicano. Para entonces Wylie llevaba más de un año fuera de Cambridge Analytica, pero en Facebook apenas dieron una advertencia de que esos datos no podían ser compartidos o vendidos y que habían sido obtenidos de forma no lícita.

En Facebook exigían a Cambridge Analytica que eliminara dichos datos, pero el problema es que aunque Wylie le confirmó a la empresa (marcando una simple casilla, algo de lo que él mismo estaba asombrado) que lo había hecho, eso daba igual: había copias múltiples de esos ficheros que habían sido enviados por correo electrónico sin cifrar. Cambridge Analytica negó las acusaciones de aquel artículo.

En apenas 2 o 3 meses el proceso de recolección hizo que la empresa contase con unos 50 o 60 millones de perfiles de Facebook

Los datos recolectados y sobre todo los algoritmos creados a partir de esos datos convierten su servicio en una forma inquietante de influir en todo tipo de personas y colectivos.

Si puedes controlar todas las fuentes de información que rodean a tus oponentes, puedes influir en la forma en la que perciben ese campo de batalla y es entonces cuando puedes influir en la forma en la que van a comportarse y reaccionar.

Cuando Wylie y Nix conocieron a Bannon, trataron de que el editor percibiese que Cambridge Analytica era una empresa más académica que otra cosa. Crearon una oficina fantasma en Cambridge que solo ocupaban cuando Bannon iba a visitarles al Reino Unido, porque la idea era conseguir fondos para desarrollar la actividad de la empresa. Lo conseguirían tras el contacto con Mercer y su posterior inversión. Bannon, explica Wylie, estaba interesado porque veía la política como la veían en el medio del que era editor:

Si quieres cambiar la política, primero tienes que cambiar la cultura, porque la política fluye de la cultura. Y lo que le dije es que si quieres cambiar la cultura, primero tienes que entender cuáles son las unidades de esa cultura, y son las personas. Así que si quieres cambiar la política, primero tienes que cambiar a las personas para que cambie la cultura.

Eso es lo que lograba el algoritmo creado por Wylie y por Cambridge Analytica. Una vez recolectados los datos y creado el perfil del votante, era posible influir en él de forma invisible e imperceptible. ¿Cómo?

[Gracias a esos perfiles] sabríamos a qué tipo de mensaje serías susceptible, incluyendo la forma en la que entregártelo, los temas, el contenido, el tono, si el mensaje necesitaba ser aterrador o no, ese tipo de cosas. Sabríamos a qué serías susceptible, dónde ibas a consumir ese contenido, cuántas veces necesitábamos pasarte ese mensaje para cambiar la forma en la que piensas sobre algo.

La empresa funcionaba a todos los niveles: además de esa parte de ciencia de datos, había equipos específicamente destinados a confeccionar esos contenidos a medida. Así pues, además de psicólogos, o científicos de datos,

Había equipos de creativos, diseñadores, productores de vídeo, fotógrafos. Ese contenido creado se enviaba a un equipo de targeting, que lo acabaría “inyectando en internet”. Se crearían sitios web, blogs, lo que creyéramos que ese perfil objetivo necesitara para ser receptivo, lo crearíamos para que lo encontrase. Y entonces lo verían, harían clic, y seguirían adentrándose en ese agujero hasta que acabaran pensando algo distinto a lo que pensaban.

El resultado para muchos, incluido Wylie, es que esa recolección masiva de datos podría haber sido fundamental en la campaña electoral de Donald Trump. Facebook niega que hubiera una brecha en su servicio cuando se recolectaron, y su vicepresidente, Paul Grewal, indicó que “proteger la información de la gente está en el centro de todo lo que hacemos, y se requiere lo mismo a quienes ofrecen aplicaciones en Facebook. Si estos informes son ciertos, se trata de un abuso serio de nuestras reglas”.

Fuente: xataka.com

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